2nd Sunday of Lent

03-01-2026Pastor's LetterFr. Daniel Cruz

Happy Lent!

As we continue this sacred journey of Lent, our Blessed Lord provides a glimpse of the promised resurrection glory He longs to share with each of us. Our first reading from Genesis reveals God’s promise to Abram, a 75-year-old man called by God to leave the security of his homeland, his family, and all that was familiar. Without any hesitation, Abram obeyed and stepped into the unknown with faith.

This is our reminder of our Lenten call, to detach from what holds us back. What holds us back? Oftentimes it is our comforts, habits or sins that prevent us from following where God leads. Lent is our own version of Exodus that provides a time for prayer, fasting and almsgiving, trusting that God will bless us and make us a blessing to others.

Our Savior, "destroyed death and brought life and immortality to light through the gospel." (2 Tim 1:10). In our penances such as the hunger of fasting, the silence of prayer, the generosity of alms, we unite our weaknesses to Christ's power. Do not be discouraged by fatigue or temptation. God's grace, given eternally in Christ, sustains us. We are preparing in a similar way like the early catechumens, to embrace the new life of baptism and renewal.

The dazzling Transfiguration on Mount Tabor heightens our faith. Peter impulsively wants to build dwellings, but the Father's voice interrupts: “This is my beloved Son, with whom I am well pleased; listen to him!” (Mt 17:5). Our Blessed Lord touches the fearful disciples by saying: “Rise, and do not be afraid” (Mt. 17:7). Then he commands them to be silent until the Resurrection. The Transfiguration is God's reassurance amid Lent's climb toward Calvary that the Cross leads to glory. Our lenten struggles prepare us to share in Easter’s radiant life.

Let this second week of lent add fuel to your disciplines. Rely on the power of God in the small sacrifices that bear eternal fruit. Be attentive to the movements and themes of the season from repentance's seeds on the First Sunday, virtues now sprout toward the Cross and Resurrection. May the Lord strengthen and Mary our Mother intercede for you!


2° Domingo De Cuaresma

¡Feliz Cuaresma!

Mientras continuamos este sagrado camino de Cuaresma, nuestro Señor nos ofrece un atisbo de la gloria prometida de la resurrección que anhela compartir con cada uno de nosotros. La primera lectura del Génesis nos revela la promesa de Dios a Abram, un hombre de 75 años llamado por Dios a abandonar la seguridad de su tierra natal, su familia y todo lo que le era familiar. Sin dudarlo, Abram obedeció y se adentró en lo desconocido con fe. Esto nos recuerda nuestra llamada cuaresmal, a desprendernos de lo que nos frena. ¿Qué es lo que nos frena? A menudo son nuestras comodidades, nuestros hábitos o nuestros pecados los que nos impiden seguir el camino que Dios nos marca. La Cuaresma es nuestra propia versión del Éxodo, que nos ofrece un tiempo para la oración, el ayuno y la limosna, confiando en que Dios nos bendecirá y nos convertirá en una bendición para los demás.

Nuestro Salvador, “que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio” (2 Tim 1, 10). En nuestras penitencias, como el ayuno, el silencio de la oración y la generosidad de la limosna, unimos nuestras debilidades al poder de Cristo. No os desaniméis por el cansancio o la tentación. La gracia de Dios, dada eternamente en Cristo, nos sostiene. Nos estamos preparando de manera similar a los primeros catecúmenos, para abrazar la nueva vida del bautismo y la renovación.

La deslumbrante Transfiguración en el Monte Tabor fortalece nuestra fe. Pedro, impulsivamente, quiere construir moradas, pero la voz del Padre lo interrumpe: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puesta mi complacencia; escúchenlo” (Mt 17, 5). Nuestro Señor toca a los discípulos temerosos diciendo: “Levántense y no teman” (Mt 17, 7). Luego les ordena que guarden silencio hasta la Resurrección. La Transfiguración es la seguridad que Dios nos da en medio del camino de Cuaresma hacia el Calvario de que la Cruz conduce a la gloria. Nuestras luchas cuaresmales nos preparan para compartir la vida radiante de la Pascua.

Que esta segunda semana de Cuaresma avive vuestra disciplina. Confíen en el poder de Dios en los pequeños sacrificios que dan fruto eterno. Estén atentos a los movimientos y temas de este tiempo: desde las semillas del arrepentimiento del primer domingo, las virtudes brotan ahora hacia la Cruz y la Resurrección. ¡Que el Señor los fortalezca y María, nuestra Madre, interceda por ustedes!

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